Campo de trabajo Padre Damián II 2015

¿Me importan los pobres? Ésta fue una de las preguntas que más cosas me removió cuando, hace ya siete años, hice el campo de trabajo de Canguro en Salamanca. Los años siguientes esta pregunta me ha ido acompañando en distintos momentos y desde hace algún tiempo me surgía también la misma duda para las personas sin hogar, pues se trataba de una realidad muy desconocida para mí y ante la que me preguntaba cómo debe actuar un cristiano.

Con estas inquietudes y algunas más me fui en julio unos días a Salamanca de nuevo, a hacer un campo de trabajo en la casa de acogida para personas sin hogar Padre Damián. Allí, con actividades tan cotidianas como servir la comida, compartir la mesa para comer, jugar a las cartas o charlar un rato en el jardín con los residentes de la casa, he descubierto cómo Dios también se hace presente en esta realidad. Puedo decir que he recibido una vez más la alegría de la fe, esa alegría profunda que proviene del encuentro con Dios, en este caso, a través de los otros: de los residentes de Padre Damián, los educadores del centro, las hermanas de la congregación, mis compañeros del campo de trabajo, los voluntarios que aparecían por allí para echar una mano…

La casa Padre Damián habla mucho de esperanza, de ser paciente, del “setenta veces siete”, del hijo pródigo… También de ilusión y de ganas de vivir. A medida que pasaban los días me he sentido más cerca del Padre misericordioso porque he visto como mira, como acoge, como acompaña… Y como me ha limpiado un poco el corazón.

Y  llega la pregunta que irremediablemente una se hace tras una experiencia así: ¿Ahora qué? ¿En qué he cambiado? Pues todavía estoy digiriendo muchas cosas, pero me he vuelto a Sevilla con una leve cojera (del estilo de la de Jacob tras su encuentro con Dios en el Génesis), porque aunque a simple vista no se perciba hay cosas que no están igual. Ahora rezo por las personas sin hogar desde la cercanía de haberme sentido tocada por esta realidad y pudiendo poner nombres y caras a mi oración. Ahora miro distinto. He aprendido la importancia de saber esperar y la necesidad de aplicarlo a mi día a día. También he ganado confianza en el Señor y ganas de parecerme más a Él. Ahora quiero continuar cerca de los que sufren para poder ser instrumento de Dios desde la igualdad y el amor. Y ahora, sobretodo, le doy gracias al Señor, porque una vez más lo pone todo patas arriba para revelar dónde está la verdadera felicidad.

Cristina Delgado

 

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